DeTeatro. PROCESOS. Paso 12. Que relata el día sin timón y de como la ayudantía de dirección toma el mando.

¿Quién no ha deseado, alguna vez, ser un potro desbocado? ¿Quién no ha sido, más de una vez, un potro desbocado? y  ¿Quién no ha pedido a voces que de nuevo tomen sus riendas?

Los potros desbocados pueden terminar en el mar, pero no siempre el mar es amigo.

Sentirte absolutamente libre lleva vértigos incluidos que quizá, no merezca la pena sufrir en ciertos momentos. Puede que sentir el aire fresco en la cara sea de la mejores sensaciones… pero también sentir el aire fresco en la cara y mirar atrás y ver que no estás solo puede ser, lo es en mi caso, una sensación muchísimo más placentera.

El trabajo en grupo me da seguridad, me sitúa en el espacio y me alienta a seguir adelante.

El miércoles pasado Clara no pudo venir al ensayo…

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(Clara Cossials. Directora)

Galopé en la sala de ensayo y sentí el aire fresco en la cara. No porque con Clara no lo sienta, nada más lejos de la realidad, pero por un momento recuperé esa sensación que nos regalaban en el colegio cuando decían: hoy no viene Don Antonio… García, apunte en la pizarra a quien no se comporte… Y García se convertía en un guardián de la torre como si de su propia vida se tratara… luego venía la guerra de bolas  de papel, los gritos de García y las risas en grupitos… Esa sensación recuperé por un minuto. Me dejé llevar por el momento y me lancé a buscar a MARC cual potro (otra vez) desbocado… qué bien, qué alegría, qué sensación de libertad… qué vértigo, qué pequeña angustia, qué miedo…

Miré atrás y… allí estaban, dos ojos muy vivos y una sonrisa y unas manos que me hablaban desde el otro lado de la sala. Clara no estaba, por eso el peso del ensayo lo llevaría la ayudante de dirección. Detrás de esos grandes ojos estaba Inma Gamarra (más información pinchando en el enlace) . Y de nuevo llegó la sensación de seguridad, de alivio, de responsabilidad compartida. La vuelta al trabajo en equipo hizo que mi respiración fuera más acompasada. El corazón vuelve a su ritmo y el ritmo a su compás.

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Inma supo llevar las riendas de una forma muy elegante y  productiva. Respetando, en extremo, el trabajo de dirección. Sin modificar nada pero buscando y nadando, en profundidad, en lo ya planteado.

Ella quería ver a Marc. Quería verle desde otro lado. Desde la garganta y desde el estómago. Y así preparó el viaje: ¿Estás seguro de que ese a quien representas no esconde nada? ¿Estás tan encantado de conocerle? ¿Seguro que para ti es fácil hipotecarle tu boca, tus manos, tu aliento? … ¿No deberías dejarle que ajuste cuentas consigo mismo?

De pronto, de la dulzura de unos ojos y de la oscuridad del escenario empezó a florecer la duda, la necesaria duda. Estaba dejando que el personaje tomara demasiado espacio sin ser cuestionado. Nada es gratuito.

Volviendo a cuestionarte volveré a encontrarte… Seré tu voz, querido, pero no creas que admito todo lo que dices. Quiero que seas, tan necesariamente misterioso, como el camino que quieres que recorra contigo.

Inma, la Gamarra,  me sonreía.

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(Inma Gamarra. Ayudante de dirección)

Luego me dio un abrazo. Satisfecha -pensé-.

 

 

 

 

 

 

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