DeTeatro. PROCESOS. Paso 10. De como un ensayo borra el anterior y de la suma de ellos.

Un paso adelante.

Después de la catástrofe (abusando de mi lado melodramático) siempre llega la calma. Y desde la calma es más fácil tomar impulso y seguir adelante. La dirección de los procesos creativos a veces es desconcertante, cuesta enderezar el timón de mando y, los creadores estamos a merced de los vientos, del oleaje, de las marejadas, y de los miedos, parecidos a esos otros miedos que siente el escritor ante la página en blanco.

El escenario en blanco, y más aún el blanco en el actor cuando está en escena… es la sensación más parecida a la agónica mirada, del que sabe, que nada puede salvarle en su ya final predecible.

(A Carlos Casal Álvarez… mi amigo-actor-amigo) :

Solano: ¡Ríos! ¡Ríos!

Ríos: ¿Qué? ¿Qué ocurre?

Solano: Un hueco… un blanco…

Ríos: ¿Un blanco? ¿Dónde?

Solano: Aquí (se señala la frente) un hueco aquí… de pronto …nada… vacío… nada.

José Sanchís Sinisterra.

ÑAQUE, O DE PIOJOS Y ACTORES.

Cuando el hueco empieza a llenarse de nuevo, la calma vuelve al lugar de los hechos. Y de nuevo la sala de ensayos vuelve a ser reconocible, y los espacios comunes vuelven a ser reconocibles, y las paredes negras son reconocibles, y los focos son reconocibles. Y volver a reconocerse alivia tanto que… descubres lo necesario del hueco, del vacío, de la sensación horrible con la que saliste la última vez de la zona creativa que, nunca, nunca, debería ser una zona de confort.

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(Foto A. del Campo)

¡Ay de aquél, que en el proceso creativo se abandone a su propio confort, porque de él serán las tinieblas. Bienvenida la incertidumbre para seguir creciendo! ¡Ay de aquél, que olvide esto en la creación… y más aún en la propia vida. Porque estará condenado a no sentir el vértigo, el mismo vértigo, que empuja a dar el siguiente paso!.

Ayer deshicimos algo de camino andado, y nos dimos cuenta de lo importante de pararse a mirar, de cotejar lo aprendido y lo aprehendido, de asimilar lo vivido y de vivir los ensayos como error y paso adelante.

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El pensador. Rodin

Ayer  preguntamos a MARC ¿Por qué decía lo que decía? y… Clara, desde su atalaya inestable de directora, se dio cuenta de que la pregunta también tendría que ser otra: ¿Para qué dices lo qué dices? y justo ahí, en la pregunta, en la arruga de la frente, de obligada forma, al cuestionar lo que se piensa… apareció el punto para seguir adelante. Los anhelos, las frustraciones, los deseos más ocultos y aquellos otros más visibles se hacían, bendita hora, verbo en carne de personaje. Y las ganas de seguir dibujando se hicieron fuertes. Y los bordes confusos empezaban a delimitar siluetas. Y de las siluetas saldrán, siempre, los cuerpos.

 

El espacio, que volvía a reconocerse, se llenaba de nuevo. Subí al escenario, solté texto, pero ahora sabiendo la necesidad que empuja a decir, a contar, a exponerse, a nombrarse… y así en el teatro, como en la vida misma, al final,  decimos lo que decimos…para que nos quieran un poco más. Incluso, cuando lo que decimos, no sea, ni por asomo, aquello que quisimos decir.

Y, cuando el sol vuelve, hace visible las ganas… y llegan nuevas almas para quedarse, y para jugar, y para ayudarme a buscar a MARC… pero esto pertenece a otro “apunte”  y merecen gran bienvenida…

permíteme, querido lector,  que sea en siguiente entrega.

 

 

 

 

 

 

 

 

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DeTeatro. PROCESOS. Paso 9. Que habla de los baches en el camino y del punto de no retorno.

A veces, algunas veces el “actor” tiene razón… y le gustaría salir corriendo. Deshacer lo andado. Bajar al metro, subir al primer tren que pase, en el último vagón, y dejar que le engulla la oscuridad del túnel … y allí sentirse a salvo. Y allí sentir que igual todo se ha precipitado. Y allí sentir que cada estación te aleja de lo proyectado…y lo proyectado se convierte en irreal y lo que de real tenía desaparece…

A veces, algunas veces,  la cobardía nos pone de frente a nosotros mismos.  El abismo se abre a nuestros pies y el vértigo se apodera de nuestro estómago. Hay ensayos que no son sino el ensayo de otro ensayo…

La cobardía es la madre de la crueldad.

Michel de Montaigne

 

En todo proceso creativo hay un punto, un momento… en que todo parece que se ralentiza, que no abarca, que no desborda… y ayer sucedió. De alguna forma lo estaba esperando porque esta sensación, dentro de la línea de acción creativa,  no me resulta desconocida . Siempre está presente, pero cuando llega duele como la pedrada que, aunque esperada, no sabes desde dónde se lanza. Ayer parecía que MARC no estaba, no quería llegar, y ni quiera se estaba haciendo esperar…sencillamente no miraba desde ningún rincón, no aparecía fisgoneando porque no se dio por invitado…

Todo por culpa de la tiranía del texto. Todo por intentar decir sin dejar que sea el otro el que diga. Estamos en ese punto. Decir por soltar lastre sin saber adónde  se lanza lo dicho. Ayer fue el día de hacer un pulso a lo trabajado en casa…y a veces, algunas veces, sientes que todo ha sido en vano.

Todo proceso tiene su ritmo, y no siempre el ritmo real se corresponde con el ritmo deseado, no siempre lo deseado se corresponde con lo que está por desearse, y entonces, y sólo entonces… decides tirar la toalla…

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Pero, siempre casi siempre, la luz que alumbra el final del túnel nos abofetea, nos zarandea para despertarnos. Lo vivido hasta entonces es mucho más cierto que los baches que aparezcan en el camino. Los baches pueden esquivarse, es más, hay que esquivarlos pero siempre, siempre, tienes que quedarte justo al borde para que sea tu propio equilibrio el que te haga tomar el impulso necesario para salvar ese bache… y el siguiente, porque siempre, siempre, detrás de un bache hay otro… y otro… y bienvenidos sean los que tengan que venir…

 

 

A veces, algunas veces, cuando estás huyendo te detienes, así, en seco, y en ese momento te das cuenta de que estás en el punto de no retorno, y sientes que tu cuerpo tiembla en un movimiento que recuerda al del funambulista …y es allí…donde das el paso… hacia adelante…

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Me bajé en la siguiente estación. Y creo, sólo creo, que Marc estaba en el andén de enfrente. Volvía a la sala de ensayos.