DeTeatro. PROCESOS. Aparte III. DEL AÑO QUE SE QUEDA Y DE CóMO LLEGAR AL QUE SE VIENE.

 

Siempre me gustó la Nochevieja. Desde niño. Porque me gustan los días que marcan finales. Fin de etapa. Fin de año. Fin de calendario. Y me gusta porque no creo en los finales rotundos, ni siquiera cuando baja un telón podemos asegurar que la función ha terminado. Ese segundo, a veces nanosegundo, y otras segundos q parecen horas, entre la bajada del telón o el fundido de luz y el aplauso del público confirma que lo que había terminado sigue teniendo vida. Y seguirá con vida en los comentarios del público, en las cañas de después o en el rastro que dejemos en Facebook.

Siempre me gustó Nochevieja porque nada más marcar el punto final volvemos a escribir con mayúscula lo que está por llegar. Fin…de inicio… de final … que empieza…

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No hemos tenido ensayos. Hemos dejado que se asiente lo trabajado. Para que tenga un final. Y así, empezar de nuevo en el año que se viene. Y lo nuevo no lo será tanto porque tendrá un previo y lo previo hará que lo nuevo sea viejo una vez que se quede. Sólo las cosas que desechamos nada más aparecer se mantienen nuevas en el viejo tiempo… lo que dejamos en el tiempo presente, deja de ser nuevo en el mismo momento que forma parte de lo elegido. Esto se queda, esto era nuevo. Esto se quita, esto es nuevo.

MARC ya no es nuevo, sin embargo, no lo hemos visto. Pero sabemos que está. Sigue el camino que vamos señalándole, que le marca Clara, y donde yo le espero. Aún no vamos de la mano. Pero nos sentimos cerca.

Hoy pensaba cómo pasaría Marc su Nochevieja. Y me venía la imagen que veis continuamente a la cabeza. Sí, probablemente él pasaría su harold-lloyd.jpgNochevieja colgado del último segundo que marque el primero de los segundos. El abismo es menos abismo si podemos asirnos, aunque sea in extremis, al segundo que llega.

 

Sólo entonces estaremos salvados.

 

Nos vemos, queridos todos, en 2016… con todos sus segundos viejos y su siguiente, y único segundo, por estrenar.

 

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DeTeatro. PROCESOS. Paso 8. Que habla de continuidad en la lucha y de cómo las palabras se ponen “en guardia”.

No hay  un punto final en la lucha de los ensayos. Todo es punto y a parte. O punto y seguido. O como mucho punto y coma… la lucha del actor en el proceso creativo es igual a la lucha de cada mañana por hacerse tarde, y de cada tarde por llegar a la noche. Avance en presente continuo. Aunque los mismos ensayos se escriban en futuro imperfecto.  El encuentro con el escenario (ese de la lucha y los ensayos) es cada vez más cotidiano. Se hace un poco mío y lo hace mío mi directora. Clara crea espacios para que juegue en ellos. Para que busque y para que me encuentre. A veces el encuentro se hace esperar. Otras fluye tan rápido que tengo que contenerlo. Los encuentros tienen que tener el ritmo justo. El calor preciso y la medida exacta… porque, de otra manera, se corre el peligro del temido desencuentro. El efecto contrario acecha y juega como un niño con actor, y ayudante, y dirección.

El espacio de ayer era sobrio. Luz precisa sobre el escenario. Y en el centro una silla. Una silla de madera negra. Una silla imponente. Iluminada. Solitaria. Pero con una presencia abrumadora.  en ese espacio, con esa silla… jugamos a dejar que la locura llegara. La locura es “miedo a la soledad” me dijeron una vez. Y sí. Juego a estar solo. Como solo está MARC en su monólogo. Como solo estaré yo, para dejarme ser él.

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Ayer fue Clara quien propuso invocarle. Desde la magia del lugar y desde un ejercicio sencillo. ¿Te gustaría jugar? … sígueme:

Piensa en tu nombre. Dibújalo en tu imaginación con letras mayúsculas. Separa un poco las letras. Piensa ahora en la primera y… deja que de tu boca salga un sonido, el que sea, el que consideres que nombra a esa letra. Deja que salga el sonido libre sin dejar de pensar en esa letra. Tú decides cuanto tiempo. Luego, cuando hayas decidido, continua con la siguiente letra. Así hasta completar tu nombre. Así hasta hacerte que sientas una conexión especial con tu forma de nombrarte y de nombrar tu nombre. Y de estar contigo mismo. Lo que te aleja… te acerca. ¿Lo has conseguido? ¿Te sientes más cercano a ti mismo?

Yo llamé ayer así a MARC…

M…. mmmmmmhmmrrrrrr mmmmmrrrrrrrmmmmmrrrrr

A…   aaaaarrrrrrrrrgggggg   aaaaaaaaaagggggggrrrrrffffffffaaaaaaaaaa

R…    rrrrrrrrrrrrraaaaaaaaaaagggggggmmmm rrrrramamamamamam

C…    crrrrrrrrrrzzzzzzzzrrrrrreeeeee.      ceeeeeeeeerrrrrrrrrr

Cada letra le hacía más cercano. Tanto como yo era capaz de dejarle llegar. Hay que nombrarse para estar. Hay que nombrarse… y se ES.

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Luego le dejé hablar. Balbuceaba. No era preciso. Pero quería hacerse escuchar. Empieza a llenarse el escenario de sus palabras. Aún me cuesta decir texto. Pero está, sólo tengo que confiar un poco más en lo aprendido. Se aprende lento… pero se hace preciso. Dejar hablar a quien quieres ser, pero aún no eres, no es fácil. Estoy estudiando. Memorizando. Paso frío y descarnado de todos los pasos que se van dando.

Pero hay que seguir caminando.

Y ahora memorizo  palabras que son senda… ya serán camino.

 

 

 

 

 

 

 

DeTeatro. PROCESOS. Paso 7. De como el actor se pelea consigo mismo y con el personaje, para encontrarse, o no, consigo mismo y con el personaje.

Una función de teatro nunca se parece a la anterior. De eso se trata, de vivir una experiencia nueva cada vez que se alza un telón … y aquí telón se extiende a todo posible comienzo de un espectáculo en vivo. No necesariamente la cortina tiene que estar presente. Además, cuando una sala de teatro cuenta con telón, normalmente no se utiliza, seguramente el director haya decidido romper la cuarta pared justo en el momento en que entre el público. Sin embargo , basta no tener telón, para  comenzar a darse golpes de pecho por la desgracia que empobrecerá el espectáculo soñado. Nosotros no sabemos si usaremos telón. Al menos Clara no se ha pronunciado. Pero sí sabemos que, un ensayo no se parece a ningún otro…

El teatro es tan infinitamente fascinante, porque es muy accidental, tanto como la VIDA.                    

Arthur Miller

… un ensayo es un encuentro colectivo, de aquellos que trabajan en un proyecto y que, paradójicamente , termina siendo un encuentro con uno mismo, en soledad, en recogimiento casi cisterciense… y si el proyecto es un monólogo el encuentro con uno mismo roza lo paranoico… ayer salió, cómo no, ensayo distinto, tanto como distinto serán  los demás . El escenario cambió para mí. Pasó  a convertirse en un ring de boxeo. Allí estaba yo, unos cuantos focos encendidos y… desde la oscuridad de la sala la voz cálida de Clara dirigiendo algunos ejercicios.

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“Combate múltiple” Collage. Març Rabal.

Ayer necesité darme unos cuantos ganchos directos al hígado, un derechazo preciso y una retirada a tiempo al rincón (bendito rincón  benedictino que me cobijaste) para encontrarme conmigo mismo. Todo surgiendo de un ejercicio que me puso entre las cuerdas… en el aprieto de verme las tripas, en la necesidad de encontrarme con mis vísceras para seguir, paso a paso, buscando las de Marc. Somos los actores muy sufridos. Somos tan duros como sensibles nos obliga a ser nuestro personaje. Ayer… a pesar  del cuadrilátero en que se convirtió el escenario no me sentí solo. Sentía la presencia de Clara… y… la cercanía palpable (tanto como un abrazo) de Inma…. que rompió  todos los telones del mundo para unirse a mí en mi retiro cisterciense. Gracias. Ayudanta.

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Trabajamos un ejercicio que viene a llamarse Mystery secret, y de eso se trataba, de atacar un recuerdo desde las entrañas. Hablé de los encuentros y  de los desencuentros, de la locura temporal y de la inercia mecánica, de lo cotidiano y de su fragilidad cotidiana… y me dejé llevar por la música elegida  (la sabida banda sonora de DESEANDO AMAR) y ocurrieron tantas cosa, tantas… que solamente puedo recordar el rincón… y el ruido de la campana indicando que había terminado el primer asalto… y ¿Sabéis qué? Estoy deseando que empiece el segundo.

Será en el próximo ensayo donde me ate de nuevo los guantes.

Hasta el ko técnico todo es combate.

 

 

 

 

DeTeatro.PROCESOS. Aparte II. DE LA SOLEDAD DEL ACTOR EN SU TRABAJO PREVIO Y DE COMO NO HAY SOLEDAD ABSOLUTA.

No tenemos ensayo esta semana. Pero no indica ello que no sigamos trabajando. La dirección pensando en los ejercicios necesarios. El actor en casa, trabajando el texto, memorizando, estudiando. Una premisa en este momento del proceso creativo: acercarse al texto de una forma aséptica. Memorizar sin dar importancia a las palabras. No implicarse en lo leído…

Creedme si os digo que no es fácil cumplir la premisa. El actor no deja de serlo y menos sabiendo que está inmerso en el proceso de creación.

Intento pasar por las palabras (bellísimas por momentos, crudas y vastas en otros) como si de la lista de los reyes godos se tratara. Pero al llegar a Sisebuto…caigo en la tentación de repetir el último párrafo aprendido con cierta congoja en la voz. Sin poder remediarlo me levanto del sillón de casa e involuntariamente me muevo enfadado por un espacio reconocible que, sin embargo, se ha convertido en algo perverso, pervertido, extraño, furibundo…. En la vitrina pequeña, la que tiene cristal, me veo reflejado y… me siento un poco ridículo. Tomo aire, vuelvo al sillón  y a la mesa de estudio mientras digo en voz alta: tengo que limpiar el polvo de la vitrina.

 

Un actor debe trabajar toda su vida, cultivar su mente, desarrollar su talento sistemáticamente, ampliar su personalidad; nunca DEBE DESESPERAR, ni olvidar este propósito fundamental: amar su arte con todas sus fuerzas y amarlo sin egoísmo.

CONSTANTIN STANISLAVSKI.

 

No sólo debo memorizar texto. Clara, no lo olvidemos, trabaja desde lo físico, y así, aparcando un poco la frialdad de memorizar, retomo un ejercicio propuesto y que tengo que llevar trabajado en el próximo ensayo. Tengo que contar, solamente con gesto y movimiento (desaparecen las palabras aquí) un hecho personal de mi vida. Contarlo e ilustrarlo con una música. Contarlo con la misma duración de la música escogida. Pienso en el hecho. No, ésto es demasiado personal. No, aquí no me  implico lo suficiente.

Decido hablar del amor, del que tengo (gracias por estar) y de los que fueron. Pienso ahora en la música que lo acompañará. Y recuerdo una melodía y a mi amiga Esther hablando de una de sus películas preferidas y en una B.S.O. que yo adoro DESEANDO AMAR (gracias Esther Luna por el regalo)

Vuelta a memorizar texto. Pruebo a concentrarme de nuevo… Leovigildo, Recesvinto, Chindasvinto…. y al llegar otra vez a Sisebuto siento de nuevo la imperiosa necesidad de dejar de hablar por mi voz… sé que aún tampoco es la voz de Marc. Aún es pronto para reconocer su voz. Reconozco su risa, eso sí, porque al tiempo que pienso en la autora y sus palabras, siento sin salir de casa, como Marc desde el sitio de ensayo se mofa de mi. Venga, aprendiz de actor –parece que dice- memoriza, tengo mucho que decir.

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Cuadro: M.C. ESCHER.

Vuelvo otra vez a la primera frase de la obra. Y me acuerdo entonces del trato con Isabel, la ‘escribiente’: mándame por mail la primera frase.

Y, regalo a navegantes, vuelvo a recitar ya de memoria esa primera frase:

MARC: Si no hubiera visto aquella fotografía en el cajón… […]

Y la gamuza parece que acompaña las otras frases, mientras limpio el polvo de  la vitrina.